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MADRID, NUEVO MÉXICO

Origen
 
  MADRID, NUEVO MÉXICO
Población: 400
Condado: Santa Fe

Web: www.visitmadridnm.com
 
De carbón, parafernalia navideña y bombas atómicas
 

Madrid, Nuevo México, es el escenario de un poblado minero abandonado tras la Segunda Guerra Mundial que permaneció casi 20 años años deshabitado. La llegada de jóvenes, artistas y almas perdidas en los años 70 relanzaron la actividad del pueblo.


“Esta ciudad se llama Madrid por una familia de conquistadores, cuyo apellido era ‘De Madrid’ y que vivían en la zona, cerca de Cerrillos” nos explica Waz McDaniel, antiguo encargado del museo de la ciudad. “El primer asentamiento”, cuenta Waz, “tuvo lugar en 1835, en lo que se conocía como ‘Los bancos de carbón’, las mayores minas de antracita y carbón bituminoso en Estados Unidos, después de Pensilvania. ¿Me escuchas? Después de Pensilvania, he dicho. Es que hay gente que oye, pero no escucha” dice Waz todo airoso.

 

En 1891 la compañía de ferrocarril Southern Railroad compró la zona de las minas y se la alquiló a distintas compañías mineras, hasta ser comprada por la Albuquerque & Cerrillos Coal Company. Durante las décadas de 1920 y 1930, Madrid ganó fama en todo el país por ser la ciudad de la Navidad en Nuevo México, y hasta allí acudían unas cien mil personas cada mes de diciembre. Se cuenta que un tal Walter Disney fue atraído por las luces de Madrid, que visitó en tres ocasiones, y cuyo brillo le dio más de una idea para crear el célebre parque de Disneylandia.

 

Bastante menor fama a escala nacional - pero con el reconocimiento de los círculos deportivos de Nuevo México - tuvieron los Madrid Miners, el equipo local de béisbol, compuesto por mineros y deportistas semiprofesionales que gozaron de cierto nombre en el campeonato central de Nuevo México.

En 1941, poco después del ataque japonés a la base americana de Pearl Harbor, una demanda sin precedentes en el estado de Nuevo México llevó a Madrid a extraer más carbón que nunca en la historia del campamento minero, unas cien toneladas al día según un miembro de la familia de Óscar Huber, superintendente de las minas. Pero ¿adónde iba a todo este carbón?

El ruido de camiones cargados de carbón que despertaba a las familias de Madrid a primeras horas de la mañana, escoltado por hombres armados, no daba grandes pistas a los vecinos. Sin embargo, pronto las piezas encajarían: el carbón extraído de Madrid estaba sirviendo para abastecer de energía eléctrica y calefacción a la nueva plataforma creada a 100 kilómetros de allí, en Los Alamos: el centro secreto construido por orden del gobierno estadounidense para coordinar el Proyecto Manhattan. Es decir: el lugar de la creación de las bombas atómicas que en agosto de 1945 destruirían las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

El contrato de Madrid con Los Álamos terminó en 1954, año en que el dueño de las minas anunció en The Wall Street Journal la venta del poblado entero de Madrid por 250.000 dólares. Como indica Richard Melzer, “el anuncio sirvió de epitafio de la ciudad”, y decía así:

Ciudad entera:
200 casas, escuelas primaria y secundaria, central eléctrica, almacén, taberna, derechos de las minas, 9,000 acres, clima excelente, gran localidad industrial.

 

Las ideas surgidas sobre la actividad que debería desarrollar el pueblo tras el cierre de las minas fueron variopintas: desde convertirla en centro de rodaje de películas protagonizadas por estrellas de Hollywood a transformarla en lugar de reposo para jubilados. Ninguna triunfó y en poco tiempo el pueblo quedó prácticamente vacío, tomando el aspecto de lugar fantasma.

 

Visto el fracaso que supuso el intento de venta en bloque del poblado, la familia Huber decidió vender por separado las 150 viviendas, confiando en deshacerse de ellas en seis meses. Apenas transcurridas dos semanas, el pueblo había sido vendido casa a casa. Si en 1960 la ciudad contaba con dos familias, en 1975 era el nuevo hogar de ochenta habitantes llegados de todo el país.

 

Madrid había vuelto a nacer.

 

Texto basado en el libro de Richard Melzer “Life and Labor in a New Mexican Mining Camp in the Years of the Great Depression”.

 

 

 
   

 

 

 

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